miércoles, 23 de julio de 2014

"TERMINATOR" Y YO




Observando la película Terminator “La salvación”, con uno de mis actores favoritos: Sam Worthington, me he vuelto a enamorar de esos ojos azules que me quitan la razón. Y ahora no sé, si escribir de la película o de mi amor platónico lol. En realidad quisiera analizar un poco el mensaje que esta película acaba de dejar en mí (además de dejarme más enamorada que nunca de este maravilloso actor de ojos color cielo) en esta noche de insomnio.

Como ustedes ya saben es una película que juega con el presente, pasado y futuro. No quiero entrar en la sinopsis de la película, pero sí en el mensaje que una obra del séptimo arte nos puede dejar.

Una historia en la que el protagonista piensa que si los seres humanos nos comportamos como máquinas, no tiene sentido querer acabar con el dominio de ellas. Una historia en la que el “Terminator” tiene sentimientos humanos y me pregunto: Cuántas veces nosotros hemos actuado como máquinas, autómatas, a veces hasta sin sentimientos, ya que por el trabajo solemos olvidar a las personas que amamos, y cuántas veces una máquina tiene la función de nuestra memoria y corazón, que tiene que recordarnos el cumpleaños de un ser querido o ayudarnos a buscar una tarjeta cibernética ya escrita, porque ya no tenemos tiempo para pensar y decir todo aquello que está en nuestro corazón. Hace cuánto tiempo no escribes una carta con tu puño y letra (yo aún lo hago y me encanta) Hace cuánto tiempo dejamos escapar esa parte humana nuestra para dársela a una máquina, a un recordatorio artificial.

“Quiero encontrar al que me hizo esto” dice Marcus, el robot cuyo cuerpo humano fue donado a la ciencia para crear al “Terminator”.  Yo también quisiera encontrarlo, y decirle que un “like” no significa “te quiero” “te extraño” “te amo” “me gustas” que el Whatsapp no une grupos, los desintegra, que no hay mejor cosa que la palabra, que la persona, que el "tú" y el "yo".

En la película John O’Connor Dice: “Si nos vamos a comportar como máquinas, no tiene sentido luchar contra ellas”. No creo que la humanidad llegue al extremo de ver su vida en riesgo por un robot, pero sí veo el peligro de comportarnos como tales y que esto desmiembre familias, noviazgos, amistades, por la frialdad de un correo, de una pantalla, de un teléfono.

No estoy para nada en contra de la automatización, de hecho, la amo; las redes sociales me han ayudado a encontrar amistades que creía haber perdido, pero lejos del Skype, del whatsapp, del Facebook, para mí lo hermoso fue reencontrarlas en persona nuevamente y poderlas abrazar y demostrar lo importante que fueron, son y serán en mi vida.

Que la tecnología sea un instrumento para continuar nuestra vida humana, que los sentimientos se los sigan expresando mirando a los ojos, tocando las manos, no con íconos, stickers, figuritas… sino con tarjetas de verdad, con besos de verdad, con cartas de verdad. Demos un vistazo hacia atrás y observemos también lo que hubo de bueno en otras décadas. Yo aún me deleito cuando llega correo  a casa, debo admitir que casi nunca, porque más fácil es enviar un email.  Cómo serían esos amores de antaño? cuando las cartas demoraban meses en arribar y la persona esperaba fiel y enamorada al amor de su vida.

En fin, una tonta reflexión quizá es lo que me ha dejado esta película, que debo admitir si no fuera por Sam Worthington, no la hubiera visto. Pero así es el amor, entre suspiros observé a mi amor platónico representar a una máquina con sentimientos humanos. Y me pregunto, cuántos van por la vida de esta misma manera, viviendo como máquinas, como humanos sin corazón, como robots de carne y hueso.

Y termino con una frase de John Connor: “Somos nosotros quienes hacemos el destino” Así que amigos, no importa si las máquinas llegan a dominar el mundo, mientras quede un pequeño rastro de humanidad en nosotros, habrá un hermoso futuro por vivir.


martes, 29 de abril de 2014

LA INEVITABLE MUERTE


Se comienza celebrando la vida, los primeros años, la comunión, las quinceañeras, las graduaciones, después de eso, ya nos convertimos en adultos, entonces empezamos una nueva etapa de celebraciones: nuestras incorporaciones universitarias, uno que otro matrimonio a la prisa entre tanto estudio, hubieron quienes dejaron de estudiar por empezar con una carrera más estricta y de tiempo completo que es la de ser madre, sin saber que las profesiones se pueden combinar y llegar a triunfar en ambos aspectos con algo de disciplina. Empezamos después  los “baby showers”, los bautizos, el primer añito, y de pronto así sin más, las quinceañeras de nuevo, las graduaciones otra vez, pero ahora ya los de otra generación… y los sepelios.

Y entonces, recién entonces, caemos en cuenta de la fragilidad de nuestras vidas y sobre todo la de nuestros padres, tíos, abuelos, amigos, hermanos... No sabemos en qué momento la vida apresuró su santo paso y empezamos a envejecer aunque apenas lo percibamos porque nuestros corazones permanecen intactos, empezamos a envejecer si hemos sido lo suficientemente afortunados y nuestro andar no se detuvo en el camino.

Este año, que pensaba yo sería el más venturoso de mi vida, ya he despedido a algunas personas: primero fue el hermano menor de una gran amiga, después un ser muy querido perdió su batalla contra la muerte, al poco tiempo partió la alegre madre de una hermana de la vida, (también dos lindas ancianitas del barrio) y hoy, así, abruptamente muere un tío; esos tíos que aunque no están perennes en tu vida, nunca faltaban al cumpleaños de mi madre ni a ningún cumpleaños de mis tías, esos tíos que su alegría, educación y cariño hacía que siempre estuviera presente no solo en eventos familiares, sino en el corazón.

Y ahora, así nada más, veo cada vez más frágil y más cercana a la muerte, y aunque sé que es un proceso natural, yo quiero que se aleje, no quiero que mire a mis padres, no quiero que se acerque a mis hermanos, sobrinos y amigos. No le tengo miedo a la muerte, le tengo miedo al dolor, a la soledad, al sentir que nunca más abrazaré a esa persona y bendigo que todavía mis días estén llenos de ellos.

Una vez me preguntaron mis alumnos si le tenía miedo a la muerte y yo contesté que no, que a lo que le tenía miedo era a morir antes que mis padres, porque no quisiera que ellos sufrieran un dolor así. No, no le tengo miedo a ese estado de paz, tengo miedo a perderlos, miedo a no poder expresar todo lo que tengo en el corazón.

La muerte trae consigo tanta nostalgia, tanta tristeza, y al mismo tiempo paradójicamente trae vida, trae unión; hermanos que se vuelven a unir, hijos que se reconcilian con sus padres, tristezas que al fundirse en fraternal abrazo pesan menos. Y ves la ternura, ese amor que no se expresa todos los días, no porque no lo sientas, simplemente crees que está implícito, pero aflora cuando ves la fragilidad de tu hermano menor o cuando ves al fuerte de la familia quebrarse y llorar con desconsuelo, ese abrazo que te une más como familia, como hermano.

Y qué decir de la felicidad que te da entre llanto encontrar a todos tus amigos y familiares, es una ambivalencia de sentimientos, y aunque tus ojos estén llenos de lágrimas y tu corazón de dolor, el abrazo de tu amigo, de tu hermano, de tu familia, hace que sonrías mientras lloras y por momentos hasta olvidas que estas despidiendo a alguien muy querido y ríes de ocurrencias ajenas. Y no es falta de respeto, no, es un estado del alma. En este mes he dicho adiós a la mamá de una amiga, contemporánea a mi mamá, y a mi tío querido. Dios fue bueno con ellos, les dio larga vida con salud, y ese milagro lo reclamó para sí cuando menos lo imaginamos. En este mes me he dado cuenta una vez más de lo afortunada que soy, de la magia que Dios ha permitido en mi vida, de tener a mis viejitos a mi lado, con todas sus travesuras de niños añejos, doy gracias por aún poder despertar y tocar sus ancianos rostros llenos de amor, besar sus manos con surcos de una vida hermosamente trabajada, observar su gratitud en esos ojitos que reflejan incertidumbre hacia el mañana.

Cada día es un adiós, cada día es una nueva aventura; tengo a mi lado dos grandes exploradores de emociones, dos “Indiana Jones” que cada nuevo año le dan gracias a Dios por la vida y sólo le piden “Que los deje vivir otro nuevo año, porque la vida es linda” y sin duda la vida lo es, y para ellos aún más porque llegaron juntos, tomados de la mano por todas las estaciones del tren de la vida.

La vida se resume en una sola palabra: “Amor” y mientras este sentimiento desborde tu ser, qué más da cuándo y cómo sea el día de tu partida. Por ahora disfruto de la dicha de estar viva y de tener a mis amores junto a mí, ¿Hasta cuándo? ¿Quién sabe?, pero hasta que dure, será eterno.   

lunes, 29 de abril de 2013

EL PAYASO "NACE Y RENACE"

 

¿El payaso, nace o se hace? Esta fue una pregunta que se hizo en nuestro entrenamiento a “Doctores Clown”, la respuesta fue dividida, algunos decían “Nace” otros “Se hace”.

Todo buen payaso saca lo mejor de sí, es decir su niño interior, ese niño travieso, amoroso que nos encargamos de mantenerlo dormido en el corazón. Ese ser puro y amoroso, ese ser que es capaz de asombrarse con pequeñeces, de conformarse con minucias, de amar así porque sí, sin dar mayores explicaciones; sólo amar y también de tomarse el derecho de rechazar a quien no considera de su agrado y alejarse jugando, sin resentimientos. Ese ser que desafortunadamente se va transformando, a medida que se va desarrollando,  en un desconocido; en ocasiones hasta para sus propios padres e incluso para sí mismo.

Todos quisiéramos poder actuar con la espontaneidad con la que actúa un niño, decir las cosas que queremos, llorar si se nos antoja ante un deseo no cumplido, hundirnos en nuestros pensamientos y juegos y simplemente dejar que nuestra mente vuele lejos, en ese mundo mágico donde siempre somos felices. Sin embargo, en ocasiones, cuando la pena, la ira, la alegría... se apoderan de nuestro ser y queremos actuar como lo hubiéramos hecho en nuestra infancia, siempre hay alguien que te dice que es triste que te comportes “como un niño”, y al hacerlo se reprime aún más nuestro deseo ; pero es que comportarse como tal, no siempre es un  acto de inmadurez, sino simplemente un acto de LIBERTAD.

“Que son cosas de niño me dices… ¡Quién me diera,
 tener una perenne inconciencia infantil,
 ser del reino del día y de la primavera,
 del ruiseñor que canta y del alba de abril!
¡Ah, ser pueril, ser puro, ser canoro, ser suave
 trino, perfume o canto, crepúsculo o aurora;
 como la flor que aroma la vida… y no lo sabe,
 como el astro que alumbra las noches… y lo ignora!"

 Medardo Ángel Silva  (“Se va con algo mío la tarde que se aleja)

 
Así de sencillo, como lo describió Medardo Ángel Silva en su poema, así es un niño. Quizá si él hubiera leído y practicado lo que él mismo escribió de ese ser que vivía dentro de él, si hubiera sacado su payaso hubiera podido ser feliz, su final hubiera sido otro y no la tragedia que le tocó vivir.
Dentro del corazón nuestro existe un niño amoroso, que pide a gritos salir, jugar, amar; ¡ah! Y cuántas veces lo reprimimos y cuántas veces lo humillamos, cuántas veces lo reprendemos, porque sencillamente “Debemos madurar”.
Nosotros, los payasos, somos tan afortunados; porque tenemos la oportunidad de hacer “renacer” nuestro niño, a ese juguetón implacable que todo lo puede, que todo lo conquista, que todo lo sueña. Somos capaces de crear con nuestra imaginación una vida distinta y traerla de un universo lejano a nuestras vidas. Somos capaces, gracias a la magia de nuestra nariz de cambiar vidas, empezando por la nuestra, empezando por la de los seres que amamos. Un solo abrazo resume amor, una sola mirada transmite energía y si es  “con una sonrisa” es mejor.
Sí mis queridos amigos, “El payaso nace” y nace en el momento en que cierras los ojos y oyes latir tu inocente corazón, y “renace” en el momento en que lo dejas habitar en tu mundo, en tu esencia, en ti.

viernes, 26 de abril de 2013

MIS AMIGOS, MIS HERMANOS.


Sigo en el camino al descubrimiento de mí misma y en este descubrimiento voy también aprendiendo a conocer y a amar a personas que hasta hace pocos días no significaban nada en mi vida, no porque no fueran importantes, sino porque sencillamente hasta hace pocos días no sabía que existían, no las conocía.

Hoy, el panorama se presenta distinto, hay algo que va más allá del deseo de ser un “Clown humanitario”, es algo que se mueve en la sangre, se respira en el ambiente y se exhala con amor, es un sentimiento  inmenso, es una esperanza, una promesa, es…¿felicidad?

Y mi respuesta es sí, es una especie de FELICIDAD, porque la felicidad es un trayecto de pequeños  momentos, de grandes alegrías, de torpezas y triunfos, y en este sendero en el que caminamos en busca de algo que en ocasiones ni sabemos qué es, pero que sabemos que es aquello que nos hace falta para estar completos, me encuentro  con seres que tienen mis mismos sueños y anhelos y los observo  y así, sin más, sólo porque el corazón me lo dice, los llamo “Amigos”. También llega a mi mente y a mi corazón el recuerdo de mis amigas de toda la vida, compinches del alma y de mis amigas de trabajo, de estudio, ¡¡Dios qué afortunada soy!!

La amistad es el más sublime de los presentes, es algo que se te entrega a manos llenas, es el corazón de otra persona en tus manos, es un tesoro que se debe proteger, es una semilla que se debe cultivar, es el ave que debes dejar volar, es el agua que debes dejar correr, pero sobre todo es el hermano al que debes respetar, amar y  cuidar.

Al hablar de amistad recuerdo una escena de una de mis películas favoritas “Corazón valiente”. El protagonista, Wallace, tiene un enfrentamiento a muerte con un caballero desconocido, el cual cubre su rostro con una máscara de hierro. Wallace cae de su caballo y finge desvanecimiento, cuando de pronto su contrincante se acerca y éste es embestido por el guerrero.  Wallace con un cuchillo en mano, teniendo la oportunidad de arrancarle la vida a su enemigo de un solo corte en el cuello, quiere ver los ojos de su adversario. Aquí comienza para mí una de las escenas más sublimes de la película; el momento en que Wallace desenmascara a su enemigo, ¿enemigo? Pues la sorpresa para el personaje es totalmente dolorosa, ya que se da cuenta que quien estuvo a punto de quitarle su vida había sido su propio amigo, aquel en que él había confiado. Wallace había tenido en sus manos el poder de la vida o la muerte, pero retrocede a paso lento, confundido, aturdido; luego sentado en la hierba, lo mira, con la inocente mirada de un niño al que le has quitado un sueño, con unos ojos interrogantes y sumidos en un ¿por qué?, lo observa y llora, ¡¡EL GUERRERO LLORA!!, ante aquello que aniquila el corazón de cualquier ser humano, “la traición de un amigo”,  porque podemos esperar incluso la traición de la persona que prometió amarnos hasta la muerte…pero ¿de un amigo? Ese tipo de traición es el puñal de doble filo más doloroso que puede haber.

La escena continúa con un Wallace llorando sin palabras, sin gemidos, sólo observando a su ingrato amigo y retrocediendo con infinito dolor, incrédulo de aquello que observaba. Su aflicción es tal, que incluso viendo que otros guerreros se aproximan para robarle la vida; él, tan sumido en ese dolor, se recuesta sobre la hierba a esperar la muerte. El hasta entonces amigo, ve que la vida de Wallace corre peligro y lo salva. Trepa a Wallace en un caballo y lo ve partir
¿Por qué Wallace cuando tuvo la oportunidad, no mató a su traicionero amigo? ¿Por qué su ingrato amigo cuando había la oportunidad de que asesinaran a Wallace, le salva la vida? ¿Cuál podría ser la respuesta?
Pues analizo la escena y también cosas pasadas en mi vida y me atrevería a contestar que el amor de la amistad va más allá que cualquier otro amor, que somos seres imperfectos, y que en ocasiones somos capaces de lastimar lo que más amamos. Particularmente, hasta ahora (y espero nunca hacerlo, ni en forma consciente o inconsciente) no he traicionado amistad alguna, pero sí he sido traicionada en muchos aspectos. Sin embargo, aunque las cosas nunca vuelven a ser igual, hay algo en el corazón que no te permite rechazar por siempre a esa persona en tu vida. En algún momento, aquel amigo que te falló, sencillamente se dejó llevar por circunstancias, por sentimientos, pero el verdadero amigo, ese que tú quieres y amas, está allí todavía, en alguna parte de su ser; esperando de ti sólo un abrazo, un perdón, una sonrisa.
En ocasiones el orgullo y la desconfianza no permiten este tipo de reconciliación ¿Se podrá confiar de nuevo? Me atrevo a decir que no enteramente, pero nunca, nunca se deja de querer.
En el sentimiento de la amistad, hay parámetros totalmente diferentes. La pareja, los padres, los compañeros de trabajo, de estudio…todos traen consigo un amor distinto; pero el AMIGO, el amigo encierra todo, es un cúmulo de virtudes y defectos que aprendes a amar y a tolerar, por eso es tan difícil desprenderse de uno, por eso al que ya no está lo extraño; al que se ausenta, lo llamo; al que me lastimó lo comprendo y lo sigo queriendo...
Dicen que “Los amigos son la familia que Dios nos permite elegir” debo admitir que mi familia de amigos es tan amplia, unos más allegados que otros, otros son eternos e incomparables, otros lejanos pero nunca ausentes... agradezco a cada uno de ellos por tolerarme día a día, por aceptarme con mi baúl repleto de defectos, por también poder observar mis virtudes y amarlas y sobre todo por amar el “paquete completo”.  Gracias por estar cada día para mí, así sea en la distancia a miles de kilómetros, gracias por estar sólo a la distancia de un mensaje o una llamada, gracias por compartir un café o una noche en cualquier bar, o frente al mar o al río, o simplemente observando mis ojos y sonriendo, gracias por enjugar mis lágrimas y darme ese abrazo tan deseado,  gracias por celebrar mis triunfos y ser sobre todo compinches de mis locuras. 

Sé que en más de una ocasión te he metido en problemas, porque me gusta desplegar mis alas y volar, volar, volaaaaaaar, pero también sé que  siempre me ayudarás a emprender mi vuelo así no me comprendas y a mantenerme en tierra cuando sea necesario o cuando me bordeé el peligro. 

Gracias amig@ querid@ por tomar mi mano y no decir palabra alguna o decir el siempre odiado "te lo dije", por acariciar mi espalda mientras miro al cielo, por cantar conmigo, aunque lo haga desafinadamente; por soñar conmigo así sólo sean utopías, gracias amig@ por caminar a mi lado e incluso delante mío guiándome el camino. Gracias por ser y estar…¡¡Qué digo “Amig@”!! gracias por ser mi herman@, mi herman@ tan querid@.


miércoles, 24 de abril de 2013


MI MUNDO "CLOWN"
Permaneciendo en este hermoso mundo “clown” donde los sentidos se avivan, donde aprendes a escuchar la música de tu corazón y aprendes también a entregar tu música a los demás, llega un sentimiento tan grande a mi vida; que es casi, casi inexplicable. Empiezo a reflexionar en tantas cosas pasadas, en decepciones, alegrías, frustraciones, esperanzas; pero sobre todo en sanar. Sí, a sanar, porque de una u otra manera, todos estamos contaminados de virus como: tristeza,  resentimiento, egoísmo, orgullo, ira, conformismo…

No es fácil el camino por recorrer, aunque parezca que el ponerse el traje de payaso y la nariz fuera así de sencillo, el proceso para ser un buen Doctor “Clown” es un sendero lleno de emociones que,  en ocasiones, resulta ser muy fuerte ese reencuentro con tu verdadero “yo”, aceptar que hay cosas que debes y tienes que cambiar, cosas que conscientemente no somos capaces de aceptar  y en ocasiones nos resistimos a hacerlo, hasta que el “payaso” que vive en ti, gana la batalla y triunfa su sonrisa y su mirada de amor.

No digo que el ser payaso humanitario te convierta de un día para el otro en mejor persona, pero sí te convertirá en un mejor ser para alguien más. Quizá, ese "alguien" pueda observar en ti eso que aún tú no has observado, aquella dulzura, aquella entrega que ni tú mismo puedes entender. Otra alma que simplemente sonreirá agradecida sin juzgarte, sin analizarte, otra alma que sabrá que “eres y estás”.

Mientras entrenaba mis sentidos con los “hilos de vida”, pude entender qué fácil puede ser sentir el corazón de alguien más, qué fácil puede ser guiar a alguien hacia el bienestar y también dejar que te guíen, sin posiciones de jerarquía ni de sumisión; simplemente es tomar la vida de alguien en tus manos como si fuera la tuya y sentir, sentir  hasta lograr que tu alma brote a través de tus ojos.
 Mi aprendizaje es lento, es tímido, pero ante todo honesto, y en cada “clown” siento lo mismo, somos niños temerosos encerrados en un cuerpo que se desarrolló y se transformó en seres adultos, a quienes la sociedad nos pide y exige: seriedad, mesura, cordura.  Mas nuestro niño interior nos pide salir, liberarnos, reír, soñar, cantar, gritar, bailar, ¡¡JUGAR!!…

Mi mundo “clown” es mágico, es eterno, va conmigo a todas partes, rompe esquemas, me llaman “loca” y sin embargo, ya no me enoja, me alegra, porque sí; siento que mis hermanos “clowns” y yo, pertenecemos a esa generación de “Quijotes", hidalgos sin Sanchos Panzas y sin Rocinantes, con un gran escudo ante la crítica y la incomprensión: “nuestra nariz roja” y vamos dando pasos certeros, sabiendo que “si los perros ladran es señal de que estamos avanzando”, luchando contra gigantes que son como los molinos de vientos, viendo en seres tristes y enojados a todas las Dulcineas que andan por la vida, viendo más allá de las apariencias, viendo a los ojos y sintiendo con el corazón.

Este, mi mundo clown, cambió mi vida; no mi esencia, sigo siendo yo, sigo teniendo mis defectos; pero algunos se han modificado y sobre todo ahora celebro mis virtudes. Hay tanto por sanar y cambiar, pero en este hermoso proceso, le doy gracias a mi Dios y a mi "nariz", por darme esta oportunidad de servir y amar, esperando sólo a cambio una sonrisa, un abrazo, en pocas palabras: “Amor”.


viernes, 29 de marzo de 2013

MI MILAGRO DE VIERNES SANTO


MI MILAGRO DE  VIERNES SANTO

Hoy por segunda ocasión acompañé a una de mis mejores amigas a cumplir su penitencia en la procesión del Cristo del Consuelo, su agradecimiento es infinito puesto que gracias a la intercesión divina, su hija aún está con nosotros y goza de excelente salud.

El año pasado nuestro grupo de peregrinación se remontaba sólo a tres, tres amigas que torpemente seguíamos los pasos de una procesión,  la cual -en mi caso-  era la primera.  Este año fuimos cinco amigas quienes juntas como los dedos de una mano, caminamos con esa hermandad que sólo Dios puede entender.

Durante mi caminata pude observar tantas cosas: fe que desbordaba paganismo, imágenes por doquier, ramos de palmas que desforestan nuestros campos, rosarios de colores; que parecían más adornos vanidosos que un recuento de la vida de Jesús, vendedores de lotería, de comida, de bebidas, personas que utilizaban a sus deshidratadas mascotas para vender sus “modas caninas”, jugadores de cuarenta… y ESPERANZA.

A pesar de toda esta idolatría y este comercio inmensurable de la fe, un mercado que hoy en día Jesús nuevamente  aborrecería; había gente que caminaba con su corazón contento, con su alma pura, con esperanza de tiempos mejores, y otros en cambio con agradecimiento por favores o milagros concedidos. Hubiera deseado tanto tener una cámara para plasmar cada rostro, cada gesto, mas tengo grabado cada uno en mi memoria, cada paso, uno a uno.

Este año, volvimos a realizar nuestra procesión torpemente, pero llenas de emoción por ser ahora cinco hermanas y una amiga más junto a su hija. Lo más hermoso fue recibir el abrazo de mis amigas al llegar a la iglesia, entramos y de pronto alguien nos recordó que debíamos descubrir nuestra cabeza al entrar al templo (una amiga y yo llevábamos gorra), nos ubicamos en una fila que ni siquiera sabíamos hacia dónde nos llevaba, una señora vestida de blanco, nos indicaba muy molesta por dónde debíamos ir, llamaba la atención y retaba a todos los feligreses ahí presentes, y yo pensé –¿No es ella la que debería recibirnos con amor?  ¿Por qué si era un día tan santo, ella estaba tan molesta? ¿Por qué ella no tenía caridad con las ancianas que no querían respetar la fila y sencillamente dejarlas ingresar?  ¿Por qué, por qué, por qué?  Pues sencillamente sólo ella tendrá las respuestas en su corazón. Pero nosotras seguíamos en nuestro peregrinar, finalmente me enteré que esa fila era para pasar por el lugar donde el Cristo suele estar ubicado, sentí una extraña emoción al llegar a ese lugar, algo dentro de mí se estremeció y en ese fugaz momento, sólo pude pensar en que Dios podría sanar las piernas de mi mamá, en el fondo de mi corazón, es el mayor de mis anhelos. Pero no hubo tiempo de orar, el caminar debía ser rápido, pues la fila era larga y la señora de blanco, pues…no dejaba de pelear; bajamos del lugar señalado y nos arrodillamos a orar en una de las bancas destinadas para ello.

Cuando hay mucha bulla, no logro concentrarme en la oración, pero cómo me gusta observar a mi alrededor y ver los rostros de santidad que ponen las personas al orar. Yo me incorporé rápido de mi fugaz oración, mientras veía en el rostro de mis amigas un recogimiento que yo sólo puedo obtener en la paz de un templo en silencio o en la paz de mi habitación, mirarlas me dio mucho sosiego y felicidad, sentí que sus oraciones eran una conexión inmediata con el creador.

Continuamos con nuestra aún torpe peregrinación, perdimos algunas estaciones y tuvimos que “igualar” nuestro "Vía Crucis" en la undécima estación. Cada una oró, unas con más fe que otras, unas con más devoción, pero todas juntas en un solo corazón.

Tuvimos que atravesar sinnúmero de mercadillos, escuchar música religiosa en alto parlante, y mientras caminábamos observaba hacia arriba, hacia los lados, me emocionaba tanto ver los  balcones con familias enteras emocionadas con la llegada de la imagen, y en definitiva, es sólo una imagen; pero…por qué nos hace sentir tan bien. Así nos llamen idólatras los hermanos de otras religiones, es quizá un instrumento que encontró Dios para unirnos, mientras que otros están seguro que es para separarnos, a mí me mueve Dios y el amor a los seres que amo y entre ellos: mis amigas.

Habíamos llegado finalmente a la iglesia donde el Cristo sería venerado, nos faltaba la décimo quinta estación, cuando de pronto; un grupo de personas vestidas de negro, la mayor parte de ellas; revelaron carteles, pancartas…con el afán de ofender los rituales de mi religión, una falta de respeto absoluta ante el credo de todos los católicos.  Nosotras somos personas ecuménicas, recibimos con el mismo amor en nuestras casa a todos sin diferenciar credo alguno, pues ya hay demasiadas separaciones como para pelear por una religión, cuando el fin de todas es el mismo “Dios” o “Jehová” o “Alá” o “Javé”…

Entre la decepción y la ira que causaron los hermanos separados, nos repusimos del susto de haber logrado salir de aquella batalla religiosa que se originó ante la llegada del “Cristo del Consuelo” y poder terminar nuestro "Vía Crucis" en paz. A nosotras siempre se nos desborda el buen humor y después de todo este suceso, empezamos a reír, desafortunadamente nuestra amiga que se había unido a nuestra hermandad, se perdió entre el tumulto y la estampida humana que se formó, de igual manera; el humor nos invadió, sin celulares para comunicarnos, pues era imposible reencontrarnos; caminamos por cuadras para buscar un lugar donde romper el ayuno (algunas) y sentadas en nuestro improvisado restaurante, contamos nuestras cosas, de ayer, de ahora, de siempre…las miré y en el fondo de mi corazón le di gracias a Dios por el milagro más lindo que él me dio, no sólo este Viernes Santo, sino la vida entera: “NUESTRA AMISTAD”.

domingo, 3 de marzo de 2013

¡¡¡ABRÁZAME!!!


Marzo 3 del 2013

¡¡ABRÁZAME!!!

Hoy fue otro día especial dentro de mi mundo “clown”, empecé la mañana con la ilusión de salir a dar amor, arreglé mi vestuario como si fuera a una cita, vi cada detalle: que las medias combinen con la falda y con la flor que acompañaría mi vestuario, arreglé el sombrero que cubriría mi cabeza para que mi payaso jamás se me escape y sellarlo con una hermosa rosa que lo adornaría aún más.

Preparé cada detalle, mi cita era mi mundo "clown", ese mundo que me llena la vida y permite a mi corazón amar sin fronteras, sólo eso, amar. Salimos de nuestro lugar de encuentro, todos: payasos antiguos, payasos escénicos, payasos humanitarios, los payasos novatos, los amigos de los payasos… todos con el alma dando saltos de alegría, con la certeza de que cada paso que diéramos sería para dar alegría y de esa manera inequívocamente recibirla.

Mi corazón podía sentir el de los demás, “tum-tum-tum” y de seguro los demás podían sentir que el mío quería salir de su cofre de tanta emoción, de ese cofre sagrado donde se guardan los más hermosos momentos de amor.

Nos dirigimos hacia los demás como niños, en ese ser puro e inocente en que nos convertimos cuando nos ponemos la nariz, buscamos personas que necesitan reír, amar, sentir; ese deseo que nos envuelve a todos en todo momento y quisiéramos jamás termine.

Habían personas que por primera vez darían y recibirían abrazos de esta manera, sin saber que hoy no solamente abrazarían, sino que hoy entregarían al mundo su corazón, hoy muchos de ellos aprendieron que un abrazo vale más que mil palabras, que sentir la respiración de otro ser recibiendo amor, no tiene precio, que cerrar tus ojos al abrazar es salir de tu cuerpo y encontrarse con otra alma que está en tu mismo lugar.

Es tan especial abrir tus brazos y sentir que hay alguien tan ávido como tú de recibirlo, sentir los bracitos tiernos y suavecitos de un niño, el abrazo tembloroso y delicado de los ancianos y la dulzura infinita que emana de sus ojos, las risas suspicaces de los más jóvenes y hasta el nada gracioso, pero sí “atrevido” toque de la parte inferior de mi espalda en una ocasión, todo es un cúmulo de experiencias.

La nariz es un mundo mágico, un mundo que te invita a salir de las lindes establecidas, pero lo más mágico es ver que hay seres que sin necesidad de llevarla puesta, están dispuestos a entregar lo mejor de sí, a sonreír y conquistar corazones desconocidos en medio de una gran multitud.



Terminó la tarde, un cielo que amenazaba con descargar su humedad sobre nosotros, se detuvo cómplice ante nuestro momento de alegría, mientras algunas “clowns” se arriesgaban a dar saltos de altura como improvisadas “Cheerleaders”, mientras reíamos y disfrutábamos de este sentimiento que es el motor del universo, al cual algunos simplemente lo llamamos “AMOR”.